Las elecciones que nos definen: entre la política estatal y la política comunal

Fuente: El Espectador

Mi mamá y mi abuelo ese domingo madrugaron y se fueron a caballo para la cabecera municipal de Jambaló, Kauca1. En ese tiempo vivíamos en la Escuela de El Voladero, porque mi madre era la maestra allá. Ellxs regresaron al caer la tarde. Yo salí corriendo a recibirlos. Me llamó la atención ver sus dedos rojos e inmediatamente les pregunté y me dijeron que venían de votar. Esa fue la primera vez que escuché hablar de elecciones.

Años más tarde mi abuelo y mi abuela me contaron de la violencia partidista. De cuando los azules esperaban a los rojos para matarlos y viceversa. De cuando terratenientes obligaban a terrajeros a votar por su partido. De cuando las mujeres cocinaban abundante comida para atender a los candidatos. De cuando te ganabas un nombramiento por conseguir votos. De cuando en cuando poco o nada ha cambiado. 

Cuando cumplí 18 años me hicieron sacar la cédula de ciudadanía. Los funcionarios me felicitaron porque ya podía ejercer la democracia. Los politiqueros pagaban bien para que los jóvenes necesitados les hicieran campaña. Nunca me interesó votar hasta que empecé a ser parte del Movimiento Indígena. Siempre obedecí y orienté a familiares y amigxs para votar por quienes apoyarían las luchas de los pueblos. 

Lxs candidatos son muy amables, amistosos y serviciales mientras están en campaña. Apenas suben se olvidaban del pueblo que los eligió y se convierten en “doctores” muy importantes. El tiempo para visitar y escuchar de cerca a las comunidades ya no es necesario,  ellxs toman las decisiones en las oficinas lejos de los territorios. Cuando ganan nos hacen creer que son indispensables y se sirven del pueblo.

Aun así, el Movimiento Indígena creó su propio partido político para generar los cambios necesarios. Elegimos nuestros representantes para evitar el engaño de siempre. Unos pocos rebeldes, caminantes de la ética comunitaria, hicieron lo que estuvo a su alcance por la colectividad que los eligió disputando derechos. La mayoría se incluyó, se acomodó y pasó de ser líder comunal a agente estatal.

Reproducimos abiertamente formas patriarcales, coloniales, estatales y racistas también desde la política electoral en nuestros territorios. Los partidos políticos del movimiento indígena han ido cambiando de rostros hasta incluyendo a mujeres, pero la dinámica de poder sigue siendo la misma que heredamos del estado y que le criticamos al patriarcado: “Quítate tú pa´ ponerme yo”, “las mujeres al poder”, “Llegó el cambio”.

Nos seguimos negando a reconocer que desde el estado es imposible acabar con el poder que nos domina. Nos negamos a entender que la naturaleza del estado es patriarcal, colonial, racista, criminal. Nos negamos a ver más allá de las categorías y funciones que nos asigna el sistema. Nos negamos a recuperar la memoria de la tierra para alimentarnos, educarnos, sanarnos, comunicarnos, relacionarnos, liberarnos… con ella.  

Desde Pueblos en Camino, -iniciativa que busca tejer resistencias y autonomías entre procesos-, en discusiones y acciones con otrxs desde diversas latitudes venimos abordando críticamente algunos aspectos de la política electoral que nos atraviesan y que de a poco queremos ir transformando desde la cotidianidad. En ese sentido, les compartiré algunas reflexiones que trastocan mi imaginario, mi cuerpo y mi territorio. 

La política estatal que nos habita

Desafortunadamente, las relaciones y dinámicas de poder que son más evidentes y denunciables en épocas electorales, también se ejercen cotidianamente en todos los ámbitos en los que nos movemos en todo el mundo. Nuestro territorio del imaginario está colonizado y ha sido domesticado desde la familia, la escuela, la iglesia, la asamblea, la fábrica, la calle… para aceptar y reproducir las relaciones de poder existentes.

Nos han impuesto figuras patriarcales a las que debemos pleitesía y sumisión. También así funciona en los espacios más íntimos como la cama y el comedor, de igual forma, en el salón de clase, en los templos, en las oficinas, hasta en las organizaciones sociales y ni se diga en las instituciones más estatizadas. Nos han impuesto figuras patriarcales que están por encima de nosotrxs y nos han hecho creer que no somos nada sin la debida obediencia. 

Expresiones como estas les serán muy familiares: “Cállese que están hablando los mayores”, “En la casa el que manda es el hombre porque es el que trabaja”, “Aprenda a cocinar para que atienda a su marido”, “No planifique que su marido se enoja”, “No se puede separar porque Dios la castiga”, “La autoridad no se cuestiona, la autoridad se obedece”, “El que manda, manda, aunque mande mal”.

En la casa todxs debemos obediencia al papá así sea mentiroso, violento, abusador; en la escuela todxs debemos obediencia al maestro así sea acosador, maltratador, embaucador; en la iglesia todos debemos obediencia al sacerdote así sea ladrón, violador, tramposo; en la organización todxs debemos obediencia a la autoridad así sea corrupta, interesada, traidora; en la calle todxs debemos obediencia a la policía así sea violenta, torturadora, asesina… 

Obviamente, hay excepciones que rompen las reglas establecidas y afortunadamente existen hombres y mujeres maravillosxs que desbordan estas formas de autoridad en todos los niveles.  Sin embargo, son solo excepciones, porque la mayoría de estas figuras son patriarcales, coloniales, estatales, que reproducen formas de dominación para mantenerse en el poder. 

Esxs patriarcas son lxs candidatxs que dicen representar las necesidades de los pueblos y buscan ser elegidos para ocupar un puesto en el gobierno del estado opresor. La mayoría busca acomodarse, busca beneficio propio, busca aprovechar lo que más pueda, busca acumular más riqueza o salir de pobre, busca mantenerse en ese poder, busca aliados en los territorios y los mantienen con migajas; busca beneficio personal. 

Evidentemente hay excepciones. Hay gente ingenua que confía en la intención de un Estado Social de Derecho, ignorando que hoy existe un estado corporativo al servicio de las transnacionales. Hay gente ingenua que cree en la paz del estado ignorando que éste necesita de la guerra para mover la economía. Hay gente ingenua que cree que el sistema de salud cura ignorando que lucra enfermándonos. Hay gente ingenua que cree que el sistema de educación ilustra, ignorando que coloniza, racializa y esclaviza…

Esxs ingenuxs cuando son elegidxs, hacen todo lo que está a su alcance por apoyar luchas sociales y redistribuir recursos mínimos para los pueblos. Sin embargo, más tarde que temprano se dan cuenta de que es imposible cambiar las relaciones de poder desde el centro del poder y que gobernar no es más que administrar los recursos provenientes del saqueo de los territorios. Unxs logran entender y desisten. Otrxs logran entender y se perpetúan. 

No solo durante las elecciones afloran oportunismos, clientelismos y compra venta de gente. Como dice Manuel Rozental, tristemente no tenemos relaciones sociales sino transacciones sociales. Sufrimos oportunismo y clientelismo cotidianamente. Por ejemplo: frente a la necesidad de vivienda, de alimentación, de educación, de salud, de trabajo… siempre hay alguien que ejerce poder sobre otrxs y esa relación la naturalizamos.

¿Cómo se relaciona el policía con el vendedor ambulante?, ¿cómo se relaciona el agente de tránsito con el conductor?, ¿cómo se relaciona la guardia nacional con el migrante?, ¿cómo se relaciona el profesional con el pasante?, ¿cómo se relacionan los medios de comunicación con los hechos?, ¿cómo se relaciona el funcionario con el pueblo?, ¿cómo se relaciona el supermercado con el agricultor?… Hay excepciones, pero el poder es la regla. 

Todos los días nos diluimos en la relación social que nos impone el capital, que “vista a través del ángulo del Estado, la relación del capital es ocultada, la lucha de clases diluida, las clases son atomizadas convirtiéndolas en una masa de ciudadanos –el público–, la consciencia de clase se ve fragmentada bajo ‘la opinión pública’ que será expresada individualmente a través de las opiniones en las urnas o por medio del voto” (Holloway, 1980: 81). 

La política comunal que debemos recuperar 

Durante el Paro Nacional que vivimos en el 2021, en todo el territorio llamado Colombia contra las reformas y demás abusos contra los pueblos, emergió la auto-organización, el autocuidado, la autogestión desde la ternura de los pueblos. Entonces, la respuesta del estado frente a más de 15 millones de personas insubordinadas en más de 800 municipios fue imponer el orden, la normalidad, la obediencia a la autoridad estatal.

Las ollas comunitarias revolucionaron la alimentación: “Nosotras estamos en Puerto Resistencia cocinando, porque elegimos cocinar y sostener como un ejercicio político dentro del Paro Nacional. En la cocina como en el Pacífico, se va a tejer comunidad, juntanza… Hacemos ejercicios de reflexiones, de pensamiento crítico. De esta cocina nacen muchas manifestaciones y muchas voces”2.

El voluntariado en todos los ámbitos desbordó el hacer estatal pagado e institucionalizado: primeras líneas de jóvenes custodiando a lxs manifestantes en las barricadas; primeras líneas de mamás protegiendo a sus hijxs en las marchas; primeras líneas de abogadxs defendiendo a los detenidxs; primeras líneas de comunicación denunciando el horror; primeras líneas de salud curando a lxs heridxs; primeras líneas del arte alegrando las movilizaciones…

Lxs marchantes3 dignificaron todas las manifestaciones con su presencia, sus cantos y sus acciones. Además, agradecieron a quiénes no podían parar, pero apoyaron: “Muchas gracias, a ustedes muchas gracias”, se entonaba a unísono frente a los hospitales, en respuesta a los mensajes de lxs trabajadores de salud: “con pasión cuidé en la UCI al que se contagió en una fiesta y con el doble lo haré por el que se contagie ahora en pie de lucha”.

Los pueblos indígenas se sumaron al Paro Nacional con alimentos de las montañas para las ollas comunitarias; con flautas y tambores para alegrar los ríos de gente que desbordaron las calles; con la guardia indígena para brindar seguridad a lxs manifestantes; con su resistencia milenaria para acompañar la lucha. También otras instituciones, -unos sindicatos- intentaron imponer su agenda, pero la juventud abiertamente los deslegitimó como voceros de las movilizaciones. 

La respuesta estatal frente a la reivindicación comunal fue la misma de siempre:  masacres, asesinatos selectivos, violencias sexuales, torturas, desapariciones, montajes, infiltraciones, calumnias, mentiras, señalamientos… La respuesta no podía ser otra, simplemente porque la relación estatal tiene que ser de dominación. Pese al horror que impuso el estado en todos los niveles, se sostuvo extraordinariamente la auto-organización, el autocuidado, la  autogestión. 

Sin embargo, volcando la mirada hacia las luchas indígenas y campesinas, a las asambleas barriales, a las ollas comunitarias, a las rebeliones en camino, al Paro Nacional, siento que la extraordinaria política comunal que brota en momentos de crisis, tensión y decisión vuelve a quedar capturada por la ordinaria política estatal. Más aún cuando el máximo logro de la revuelta solo se mide en los escaños que alcance la dirigencia social en las arcas del estado. 

De ahí que la digna rebeldía que sigue emergiendo desde Chiapas contra los malos gobiernos y por la autonomía de los pueblos, es un espejo en el que tendríamos que vernos, inspirarnos, contagiarnos para tejer entre pueblos las libertades y emancipaciones necesarias aquí y ahora. Más allá del patriarcado, del colonialismo, del estado que nos habita y más acá de la tierra, del agua, del fuego, del viento que nos garantiza existencia. 

“Votes o no votes organízate”

“… Nosotros entendemos que hay quienes creen que sí lo van a poder cambiar el sistema con votar en las elecciones.

Nosotros decimos que está cabrón porque es el mismo Mandón el que organiza las elecciones, el que dice quién es candidato, el que dice cómo se vota y cuándo y dónde, el que dice quién gana, el que lo anuncia y ´-el que dice si fue legal o no.

Pero bueno, hay gente que piensa que sí. Está bien, nosotros no decimos que no, pero tampoco que sí.

Entonces, voten por un color o descolorido, o no voten, lo que [email protected] decimos es que hay que organizarse y tomar en nuestras manos el quién es gobierno y obligarlo a que obedezca al pueblo.

Si usted ya pensó que no va a votar, [email protected] no decimos que está bien, tampoco decimos que está mal. Solo le decimos que creemos que no basta, que hay que organizarse. Y claro, que se prepare porque le van a echar la culpa de las miserias de la izquierda partidista institucional.

Si usted pensó que sí va a votar y ya sabe a quién va a votar, pues igual, no opinamos si está bien o mal. Lo que sí le decimos claro es que se prepare porque va a tener mucha rabia por las trampas y fraudes que le van a hacer. Porque para trampas son expertos los que están en el Poder. Porque ya está decidido por los de arriba qué va a pasar.

Lo sabemos también que hay líderes que lo engañan a la gente. Le dicen que solo hay dos caminos para cambiar el sistema: o la lucha electoral o la lucha armada.

Esos dicen eso o por ignorantes o por sinvergüenzas, o por las dos cosas.

En primera, ellos no están luchando por cambiar el sistema, ni por tomar el Poder, sino por ser gobierno. No es lo mismo. Dicen que ya que tengan el gobierno, desde ahí van a hacer cosas buenas, pero tienen cuidado de dejar claro que no van a cambiar el sistema, sino que solo le van a quitar lo malo.

Tal vez conviene que estudien un poco y aprendan que ser gobierno no es tener el Poder…”4.

Este es el llamado de lxs zapatistas que lxs sedientos de poder no quieren escuchar. Ni siquiera viendo la experiencia de Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua… Esa palabra que incomoda es necesaria aquí y ahora, la recupero del 2015 cuando fue proclamada por el Subcomandante Insurgente Moisés.

Es necesario entonces, reconocer las contradicciones que nos habitan en todos los ámbitos de la vida, incluso en la cama y hasta la calle. Preguntarnos siempre: ¿Hasta qué punto la política comunal que pregono está capturada por la política estatal? ¿Hasta qué punto mi representatividad está usurpando a quienes represento? ¿Hasta qué punto mi feminismo está subordinando las luchas genuinas de las mujeres? ¿Hasta qué punto mi comunitarismo reproduce el autoritarismo?…

Es urgente ejercer la crítica y la autocrítica como lo sostienen desde Rojava para transformar y hacer posible que las autonomías avancen para que los estados tengan que retroceder. Caminar la palabra, como lo hemos nombrado desde nuestra Kauka hace décadas, debe pasar por la cotidianidad y la permanencia, no solo en el momento de la marcha, del paro, de la huelga… la revuelta es ahora y siempre. Intentar tejer reciprocidad entre palabra y acción en todos los ámbitos, como nos lo reclama el pensamiento Nasa: “La palabra sin acción es vacía. La acción sin palabra es ciega. La palabra y la acción por fuera del espíritu de la comunidad, son la muerte”.

Nosotrxs, desde un rinconcito del Kauca, intentamos aprender de la tierra y organizarnos con ella, tratamos de despertar el espíritu crítico también con lxs niñxs, gestamos palabras incómodas para seguir caminando pese a la guerra que se instauró a nombre de la paz y nos vamos mirando en muchos espejos de resistencias y autonomías para alimentar nuestras rebeldías. 

Notas

(1) Kauka en idioma Namtrick del pueblo Misak, significa Madre de los Bosques.

(2) Las ollas de la resistencia

(3) Mayoritariamente jóvenes denominados como “desechables”, barras bravas, estudiantes… quienes resguardaron a las multitudes durante el Paro Nacional. 

(4) Texto publicado en abril de 2015.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.