¿Qué nos dicen los colores en el cine?

La selección de colores en una película no es por casualidad, es producto de un cuidadoso análisis de la escenografía. A partir de la primera escena, el color en las películas establece el estado de ánimo y el tono de una película antes de que cualquiera de les actores haya pronunciado una palabra. Desde los inicios del cine les realizadores audiovisuales han utilizado el color para transmitir el drama y la emoción en la narración de historias, incluso creando paletas de colores casi tan memorables como las propias películas.

Ejemplos claros de cómo influye el color en las escenas es el uso de colores cálidos para generar la  impresión de cercanía, mientras que los fríos, reflejan lejanía. De igual manera que los fondos claros e iluminados transmiten sensación de alegría y centran la atención en los colores más vivos, mientras que los fondos oscuros entristecen y hace que los detalles pierdan importancia.

Desarrollar una paleta de colores con un idioma propio requiere de tiempo, esfuerzo y un análisis profundo de la psicología. Por esta razón es que vale la pena reconocer y repasar estas joyas del cine bajo una mirada más estética.

A principios de siglo XX, George Méliès o Edwin S. Porter, hacían colorear cada fotograma de la película a mano; pero, aparte de ser un proceso muy engorroso, el resultado de esta técnica no era muy creíble de cara al espectador.

En los años treinta, con la consolidación de empresas como Kodak, Agfa y Technicolor, se consiguieron los avances necesarios para realizar una representación del color real en el cine. Esto se consiguió gracias a incluir en la ecuación la síntesis sustractiva en el proceso, pues gracias a sus colores primarios (cian, magenta y amarillo) se lograba controlar la intensidad del rojo, el verde y el azul (complementarios a los anteriores). El procedimiento consistía en superponer tres negativos distintos, cada uno con un filtro correspondiente a un color primario (rojo, verde y azul) lo cual supuso el punto de partida para conseguir un color creíble en las proyecciones.

Sorprendentemente, hasta el día de hoy ese ha sido el concepto en el que se ha basado la captación del color en el cine: el reconocido modelo RGB1. Tanto en celuloide como en digital (sin entrar en detalles técnicos).

Hasta los años setenta el cine en color y el cine en blanco y negro estuvieron conviviendo, ya que hasta entonces el hecho de usar uno u otro era un tema de presupuesto más que una decisión artística. A partir de ahí, cuando el uso del color se democratizó, el uso del blanco y negro pasó a ser decisión artística de directores y directores de fotografía. 

Por ejemplo, y acercándonos ya a nuestra época, películas como La Haine (Mathieu Kassovitz, 1995) o Pi, fe en el caos (Darren Aronofsky, 1998) usan un blanco y negro muy contrastado y granulado, lo que da un aspecto duro y violento, incluso claustrofóbico en el caso de Pi. También, películas como Sin City (Robert Rodriguez, Quentin Tarantino y Frank Miller, 2005) usan una mezcla de blanco y negro con algunos elementos a color, para llevar la atención del espectador a dónde ellos quieren.

Para ilustrar la psicología del color se ha creado la siguiente infografía que asocia sensaciones con los siguientes colores:

  • Color amarillo: Enfermedad, locura, inseguridad, obsesión, idílico, ingenuidad. Son emociones presentes en los fragmentos de La vida de Pi o Ruby Sparks o Big Fish. También significa violencia, como se ve en Ultraviolet y El quinto elemento.
  • Color azul: Frialdad, aislamiento, cerebral, melancolía, pasividad, calma. El flemático Dr. Manhattan de Watchmen es azul. Azul es el tono del pasado en el que viven los adolescentes padres de Marty McFly. Los amores perdidos y los amores difíciles se tiñen de azul. Así ocurre en Eternal Sunshine of the Spotless Mind, All that Heaven Allows o Romeo + Juliet.
  • Color naranja: Calor, sociabilidad,amistad, felicidad, exotismo, juventud. Es fuego: peligro en Spiderman (2012) o purificación en El señor de los anillos, en Willy Wonka (1971): las grotescas caras de los Oompa Loompa. El naranja disimula los gestos de manera que ignoramos las intenciones de estas criaturas. Para los cineastas, el naranja también es aridez: Lawrence de Arabia, The Martian y Mad Max: Fury Road.
  • Color rojo: Amor, pasión, violencia, ira, peligro, poder. La vitalidad en Across the Universe, la excitación en Vicky Cristina Barcelona o American Beauty, la violencia en Carrie , Mean Streets o / y en Her, la pantalla roja hace cálida a Samantha.
  • Color rosa: Inocencia, dulzura, feminidad, juguetón, empatía, belleza. Wes Anderson hace otro uso: el rosa sitúa Gran Hotel Budapest en una época pasada imaginaria. El rosa es el color que provoca paz al guerrero en El último samurai.
  • Color verde: Naturaleza, inmadurez, corrupción, ominoso, oscuridad, peligro. De verde visten el embaucador de El Mago de Oz (1939) y la musa-ajenjo de Moulin Rouge cuyo verde envuelve a los personajes.
  • Color violeta: Fantasía, etéreo, erotismo, ilusorio, místico, ominoso. Asociado con criaturas de otros mundos: Sulley, en Monsters S.A.; el villano de Guardianes de la Galaxia y las criaturas de Pandora en Avatar.

Películas que se destacan por su uso del color 

Después de tanta teoría cinematográfica… Ahora sí vamos con algunas recomendaciones (a criterio personal) que sirven para entender la importancia del color en el cine.

Pierrot le Fou (1965). Jean Luc Godard

Una de las películas más divertidas y románticas del director New Wave, Jean-Luc Godard. En esta obra se deja muy en claro su dominio y entendimiento del recurso. En el film, Godard explota el brillo de los colores primarios, dándole a un estilo visual que la convierte en una de las piezas más entretenidas y memorables de la Nueva Ola Francesa.

Vertigo (1958). Alfred Hitchcock

Como principal característica tiene la combinación de contrastes entre colores, teniendo como bandera la combinación de tonos rojos y verdes en la misma secuencia como una manera de evocar algún recuerdo o situación.

The Living Trilogy (2007). Roy Arne Lennart Andersson

La paleta de color de esta cinta es completamente nude con la firme intención de crear una atmósfera para introducir a los espectadores a un mundo de decadencia y humor ácido.

Pánico y locura en Las Vegas (1998). Terry Gilliam

La paleta de color de esta cinta es completamente nude con la firme intención de crear una atmósfera para introducir a los espectadores a un mundo de decadencia y humor ácido.

Los otros (2001).  Alejandro Amenábar

Amenábar abrazó la ambientación gótica sin prejuicio alguno, permitiéndole a su director de fotografía  lucir sus habilidades en un juego de encuadres, texturas y ambientación visual brillante, atmosférica y sobrecogedora.

Ciudad de Dios (2002). Fernando Meirelles y  Kátia Lund

Pese a contar con buena parte de su metraje rodado en 35mm, la incorporación de película de 16mm, junto a un trabajo de cámara de lo más libre, dan a ‘Ciudad de Dios’ la textura y la energía perfectas para sumergirnos en los suburbios de Río. 

Oldboy (2003). Chan-Wook Park

Park Chan-wook es un maestro en el noble arte de contar historias en imágenes y nos ha dejado obras de una calidad inmensa en todos sus aspectos formales y narrativos. En este film vemos concentrado todo ese talento gracias a unos arriesgados juegos con las ópticas y  el color.

El laberinto del fauno (2006). Guillermo del Toro

La lóbrega fábula de posguerra española dirigida por del Toro es prodigiosa en múltiples aspectos. Su puesta en escena es brillante, su dirección artística sobresaliente y su diseño de producción encantador; pero todos estos elementos no destacarían a semejante nivel sin una dirección de fotografía de Guillermo Navarro que da a ‘El laberinto del fauno’ ese mágico y oscuro empaque que la convierte en un hito del cine fantástico de todos los tiempos.

Déjame entrar (2008). Tomas Alfredson

Esta fantástica cinta vampiresa  titulada ‘Déjame entrar’ destaca por el gélido tratamiento del color, su delicado y atmosférico juego con los claroscuros, y el modo en que el director sueco exprimió hasta la última gota de las lentes Super Speed de Zeiss para minimizar la profundidad de campo en algunos planos realmente asombrosos.

Enter the Void (2009). Gaspar Noé

Este filme está inspirado parcialmente en el Libro tibetano de los muertos y es con el uso muy peculiar del color, el ritmo estrambótico de la edición, la asimilación del estado de trance inducido por la atmósfera sonora y visual que conllevan a la potencia de lo sensible dando como resultado un viaje sensorial de 161 minutos cargado de ópticas imposibles, colores ultrasaturados, experimentación próxima al vídeoarte y toda la controversia que se asocia al realizador franco-argentino en una obra única en su especie.

El Cisne negro (2010). Darren Aronofsky

Rodado intercalando el 16mm, cuyo color y textura son inconfundibles, y cámaras DSLR (una réflex digital) al alcance de casi de cualquier mortal como la Canon 7D, la 1D o la 5D. Este thriller psicológico penetra hondo en la mente del espectador, en parte, gracias a su soberbia estética y a la fluidez de la cámara en set, convirtiéndose en una de las obras multiformatos más estimulantes de la década. 

The Master (2012). Paul Thomas Anderson

Tras haber trabajado con un gigante de la talla de Francis Ford Coppola en ‘Tetro’ y ‘Twixt’, el director de fotografía Mihai Malaimare se asoció con Paul Thomas Anderson para rodar  entre 35 y 65mm, cerca del 85 por ciento del metraje, haciendo de este film uno de los trabajos más redondos visualmente en la filmografía del director.

IDA (2013). Paweł Pawlikowski

Este film es una lección sobre el poder sugestivo del blanco y negro, hace gala de un uso de la relación de aspecto 1.37:1 en el que cada encuadre y la posición de los personajes en el mismo describe por sí solo, y sin necesidad de palabras, el estado de sus conflictos internos. Pura narrativa visual, mucho menos austera de lo que aparenta.

El gran Hotel Budapest (2014). Wes Anderson

Es imposible hablar de cine y colores sin hacer referencia de alguna película del director estadounidense Wes Anderson (me fue difícil escoger solo una). Dicho esto, es innegable que ‘El gran Hotel Budapest’ es uno de sus trabajos más redondos en cuanto a imagen se refiere, con un empleo brillante de la relación de aspecto que redondea el habitual repertorio de gamas cromáticas perfectamente calculadas, deliciosa simetría y movimientos de cámara rectilíneos. (Ok, lo admito: soy su fan)

Moonlight (2016). Barry Jenkins

Pocas veces un trabajo de cámara nos ha hecho sentir las emociones de sus personajes con una cercanía y autenticidad tan grandes como la cinta de Barry Jenkins; y es que esos íntimos planos frontales con los personajes mirando a cámara valen su peso en oro.

Scott Pilgrim Vs. el Mundo (2010). Edgar Wright

A diferencia de su contraparte en blanco y negro del mundo del cómic, la versión cinematográfica de nuestro héroe canadiense es un film entretenido a todos los niveles que explota el uso del color, tanto en el set, como en las animaciones que la decoran. Su uso arriesgado del color inspirado en la influencia de los videojuegos, bastante notable en la película, la convierte en una de las piezas más interesantes de los años recientes.

2046 (2004). Won Kar Wai

Aunque todos los films de Won Kar Wai se caracterizan por sus ambientes místicos y seductores, me decidí hablar de 2046, porque es el film más ambicioso y menos accesible del realizador surcoreano. La belleza de la estética de esta película está en su atemporalidad: sucede a la vez en el futuro y en el pasado. Además, su inconsistencia visual afectada por el interludio sci-fi, la hacen una pieza experimental imprescindible para cualquier amante del cine.

Only God Forgives/Sólo Dios perdona (2013).  Nicolas Winding 

La saturación de los colores de esta cinta es una de sus más notables herramientas, los tonos oscuros lo son en demasía y los brillantes llegan a ser neón.

Pleasantville/Amor en Colores (1998). Gary Ross


A priori parece una película puramente destinada al entretenimiento muy adornado con sentido del humor (que funciona bastante bien), pero ese tono de comedia va poco a poco mutando al drama y entonces se convierte en una historia distópica, ambientada en los años cincuenta, con una excelente recreación en la categoría de dirección artística, diseño de producción, vestuario, peluquería, pero sobre todo, fotografía, pues es de vital importancia el uso que hace de los colores y el juego simbólico que se trae entre el blanco y negro y el color.

El resplandor (1980). Stanley Kubrick

El genio de la cinematografía, Stanley Kubrick, siempre se caracterizó por hacer un uso complejo de los colores y los encuadres como una herramienta estética para desarrollar y darle significado a sus películas. En El Resplandor, el cineasta se basó en algunos de los trabajos del arquitecto Frank Lloyd Wright para crear parte de las escenografías; además de utilizar diversos elementos plásticos y del color rojo para transmitir un ambiente de locura, delirio y horror

Spring Breakers (2012). Harmony Korine

Quizá no te hubieras imaginado que una película de este estilo tuviera un uso increíble del color. Pero desde los trajes de baño de las chicas de la historia, se puede ver qué algo significa. Además, los neones que se utilizan, representan la fiesta nocturna llena de vicios.

The Fall (2006). Tarsem Singh

Las historias llenas de fantasía que le cuentan a una chica hospitalizada son más fantásticas gracias a la mezcla de colores y decoraciones árabes que aparecen en cada historia. Un viaje visual por completo.

Moulin Rouge (2001). Baz Luhrmann

 El musical de la pantalla grande, que te seduce con sus tonos rojos salidos de la lujuria y los vicios de esta época. Definitivamente te sumerge en la vida del cabaret, hasta los colores te transmiten las sensaciones de la hermosa Satine.

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