Ser tratada como migrante sólo por tu nacionalidad

Antes de comenzar a narrar mi historia, quiero explicar que este texto es un recuento de pequeños momentos de un viaje que hice a Colombia en 2019, donde sistematizó los momentos más emotivos, angustiantes y peligrosos.  

Todo comenzó en una travesía académica en la que me aventuré por primera vez, un viaje que hice sola hacia una Cali soñada, en Colombia… La logística del viaje fue accidentada, me avisaron dos semanas antes del congreso que era ponente, entonces me tuve que apurar para conseguir la plata para viajar, pero finalmente logré conseguir todo lo necesario.

El primer momento: 8 de junio de 2019

Éste sucedió en la terminal de Caracas esperando que llegara el autobús, allí vi a varias personas llorando, despidiéndose de sus familiares. Eso me generó una sensación de soledad grandísima, la piel se me erizo, fue una sensación de melancolía inmensa. 

Segundo momento: del 09 al 10 de junio 2019

El segundo momento tuvo lugar cuando llegué al puesto de Migración Venezuela para sellar mi salida del país. En ese momento no había luz por los racionamientos de electricidad a nivel nacional, tuve que esperar una hora y media en una cola para sellar. Finalmente, sellé el pasaporte a las 4pm hora venezolana y después me fui caminando y atravesé el puente Simón Bolívar.  En un momento dado ví la trocha desde el puente. Se veían hombres encapuchados a lo lejos y gente pasando maletas, mercancías…También estaban los containers de la ayuda humanitaria atravesados a la mitad del puente. Justo antes, alguien en la cola del lado venezolano comentó que había aproximadamente 2000 personas sellando pasaporte en los puestos de migración del lado colombiano … Cuando terminé de atravesar el puente ví una multitud de personas regadas por todas partes y me angustié. 

Entonces comencé a preguntarle a la gente dónde era la cola para sellar la entrada a Colombia y me encontré con 2 mujeres “hojillas” – personas estafadoras – Una chica muy atenta, que se autodenominaba “mi asesora”, me pidió 70 mil pesos para meterme en cola para poder sellar mi pasaporte.  Yo tenía 100 US más 30mil bsS (bolívares), pero en la frontera los BsS estaban sumamente devaluados.  Entonces la chica me llevó a cambiar 30 dólares para pagarle los 70 mil pesos colombianos. Llegamos a una casa de cambio y yo, toda desesperada por sellar mi pasaporte, accedí a pagarle ¡Debía montarme en un avión al día siguiente a las 2:15pm! Entonces ella comenzó a buscar un tipo   para meter en la cola. El tipo que me dijo: “Yo te meto en la cola y te sellan el pasaporte hoy mismo”.  Desesperada, accedí, pero luego me cobró 40mil pesos más y al final les terminé pagando 80mil pesos. Cuál fue el total de lo que cambié en dólares. Luego, el tipo me dijo “Vente para meterte en la cola”. Yo, ingenua, le deje la maleta a la chama que era “mi asesora” (la maleta era prestada). Ella pasó por un escondite con el tipo y me dijo: “Buscará la cola para que te den el número”. Me meto en cola, para que me den el número y, de repente, aparecieron dos personas con las que había viajado en el bus. En ese momento me di cuenta de que había dejado mi maleta afuera con alguien desconocido y me dio demasiado miedo. Salí a buscarla, con la suerte de que “mi asesora” estaba cerca.  Le pedí mi maleta y volví a entrar a la cola.  

Comencé a hacer la cola a las 3:pm hora Colombia. Me dieron el número 3290. A mí se me había quitado el hambre, la sed, hasta las ganas de orinar… porque estaba más pendiente de sellar mi pasaporte que de todo lo demás. Por cierto, tenía el teléfono descargado y no tenía cómo comunicarme. En Venezuela mi familia ya estaba preocupada ¡Y bueno! Yo me dediqué a hacer la cola.  Por suerte cargaba agua en el bolso. 

Al lado de la oficina de migración colombiana había unos campamentos de ONG’s donde hay wifi y enchufes para cargar el celular.  Ya se había hecho de noche y, como no tenía señal, comencé a buscar un enchufe para cargar el celular para comunicarme.  Cuando pude tener señal de wifi, me salí de la cola.  Dentro del campamento la policía colombiana nos trataba como perros.  Uno no podía salir de la cola hasta que abriera el puente internacional a las 5am. Yo busqué un lugar para dormir en el piso, hasta que avanzara lo suficiente la cola como para meterme. Me acosté a las 11:pm con lágrimas en los ojos por el trato, preguntándome si este viaje valía la pena.  Me sentía muy sola. Para no sentirme así decidí hablar con las personas de la cola que comenzaron a contarme sobre su situación.  Muchos iban a emigrar hacia Perú.  

Descanse un poco. A las 2 am me desperté para preguntar por dónde iba la cola. Cuando escuché el número 2800 me levanté de golpe. ¡La cola estaba avanzando rápido!  En ese momento comenzó a llover y busqué ponerme debajo de un techo.  Prendí el celular y justo agarré wifi. Tenía mil mensajes de “¿Dónde estás?¿Estás bien?” La única persona con la que me comuniqué al llegar a la frontera fue una amiga que me esperaba en Cúcuta. Le expliqué a mis familiares la situación en migración Colombia y que como estaba en otro país no podía comunicarme. 

Devastada escribí en mi Facebook: 

La triste y desgarradora vida del migrante. 5000 personas sellan pasaporte para entrar a Colombia en un solo día, y esta vez me tocó a mí”.  

Después me quedé despierta porque estaba lloviendo, escuchando a la gente contar sus historias. En su mayoría eran personas que no tenían documento y tenían que pedir la “Carta andina”. Ellas me preguntaban ¿A dónde vas tú?, y yo:  “Bueno voy a un congreso a representar a Venezuela y la UCV, pero bueno hoy me tocó hacer esta cola, solo para estar una semana fuera de Venezuela”. 

Continué haciendo mi cola y entré a migración a las 7:30am.  Al sellar mi pasaporte me despedí de un muchacho que venía conmigo desde Caracas con sus dos hijos.  Ellos iban a viajar en avión desde Cúcuta hasta Chile con escala en Bogotá. En la cola estuve 16hrs, horas que fueron una experiencia perturbadora, humillante, deshumanizadora… Ningún humano debería pasar por algo así. 

Relato 

Hoy conocí a Anabell de 30 años, venezolana, Aragueña de Villa de Cura.

Me puse hablar con ella en una parada que hicimos en Ibagué, me dice que llegó hace 6 meses a Colombia y anda indocumentada que pasó por las trochas. Me contó que se fue caminando desde Cúcuta hasta Pereira y duró 9 días caminando, que le salieron ampollas, que en el páramo casi se muere de frío, me cuenta que pasó muchísimo trabajo, pero ella se vino para ayudar a sus 3 hijas y con la fé en Dios consiguió trabajo en una hacienda sembrando 11hrs diarias. Ahorita va devuelta a Venezuela porque su hija mayor va a tener una bebé. Está feliz porque va a ser abuela por primera vez. Me dice que le duele el cuerpo por todo el esfuerzo que hace para ayudar a su familia. Les envía 150mil pesos mensuales, pero que come bien y que todo lo hace por ayudar a su familia y por eso se siente feliz.

Me sentí tan conmovida por su relato que me puse a llorar mientras me lo contaba. Ella, risueña, me preguntó “¿Por qué lloras?” y yo le respondí:  “Por toda tu experiencia. Eres muy fuerte” Y bueno… acá sigo llorando mientras lo escribo.

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